Los éxitos futuros se construyen en tardes como esta. Un Masters 1000 no es un Grand Slam, no luce igual ni cuenta igual, pero el que levantó Carlos Alcaraz en París este domingo tiene un enorme valor. Ya está. Si la lesión en la muñeca derecha fue el peor trago de su carrera, ha quedado atrás. No merece la pena ni recordarlo. Muchos meses después, el español ha recuperado su máximo nivel, el tenis que dejó entrever en el pasado Open de Australia y que, a partir de ahora, sólo debe aspirar a mantener. Sin precauciones ni dudas.
En la final parisina, ante Ben Shelton, el mismo que lo eliminó en los cuartos de final del pasado US Open, el hoy número tres del mundo confirmó, con un 7-6(5) y 7-5, que habrá muchas más celebraciones en lo que queda de año y, sobre todo, en 2027 y más allá. Si algún catastrofista llegó a pensar que era el principio del fin de su carrera, nada más lejos de la realidad. Apenas un obstáculo, ya superado.
En la final del Masters 1000 de París, su primer título de categoría ATP bajo techo -hasta ahora había conquistado dos ATP 500-, también estaba el morbo de enfrentarse a quien será el próximo pupilo de su exentrenador, Juan Carlos Ferrero. Una buena historia, otro ingrediente para la previa. Pero, en realidad, para el español tampoco tenía tanta importancia. Mantiene una buena relación con Shelton y su ruptura con Ferrero, tan candente hace unos meses, ya pertenece al pasado. Lo que de verdad le importaba a Alcaraz era medirse con su versión de hace unas semanas, la que cayó ante ese mismo Shelton en Flushing Meadows. Y en esa comparación salió claramente vencedor.
Alcaraz bailaba al ritmo de "Gimme! Gimme! Gimme!", de ABBA, en pleno partido, después de encarrilar la victoria con una maravilla. En un primer set de tensiones y errores, con la derecha muy imprecisa, necesitó llegar al 'tie-break' para imponer su tranquilidad ante un Shelton nervioso. En el segundo, sin embargo, dominó. Después de conceder un 'break', el partido amenazaba con eternizarse, dado el poderoso saque del estadounidense. Pero Alcaraz le dio la vuelta. Del 2-4 en contra pasó al 7-5 con su tenis eléctrico, mucha agresividad al resto y un auténtico bamboleo a Shelton.
El punto débil de Shelton
En el podcast The Big T, de Tennis Channel, Brad Gilbert, exjugador y entrenador de tenistas como André Agassi, explicaba que una de las primeras cosas que debería enseñar Ferrero a Shelton son unos mejores desplazamientos. En sus movimientos, el estadounidense, pura potencia, a menudo se descontrola, pierde la posición y termina golpeando desequilibrado, lo que le lleva a acumular errores. Fue uno de los puntos débiles que su rival aprovechó en la reciente final del US Open y también el que Alcaraz explotó este domingo en París.
Pese a la extrema velocidad de la pista de La Défense, que apenas permitía intercambios largos, el español volvió a encontrar agujeros en el juego de Shelton. El estadounidense se equivocó en numerosas subidas a la red al principio y acabó desesperándose con sus derechas desajustadas. Durante muchos minutos, Alcaraz estuvo sometido al saque de su rival, pero, a base de paciencia, lectura del juego y precisión en los momentos decisivos, fue imponiéndose hasta acabar dominando.
Un título que añadir su colección
El Masters 1000 de París permite a Alcaraz sumarse a una lista de campeones en la que sólo había un español, David Ferrer, vencedor en 2012, y, al mismo tiempo, completar uno de los vacíos de su historial. Con este triunfo, añade un nuevo torneo de esta categoría a su palmarés y sigue acercándose al objetivo de conquistar los nueve Masters 1000 del calendario. Le faltan Canadá y Shanghai. Tiempo al tiempo.
«Este título es algo que llevaba tiempo buscando. Varias de las derrotas más duras de mi carrera llegaron aquí. No encontraba mi mejor nivel en esta superficie, en esta pista, y finalmente lo he conseguido. He encontrado mi ritmo. Estoy muy orgulloso de mí mismo y de mi equipo. Obviamente, hoy tenía un desafío muy duro ante Shelton, que es un gran campeón y un gran tenista. Estoy muy contento de haber encontrado la manera de restar su servicio y desplegar mi juego en esta pista. Esta victoria será realmente especial», comentó Alcaraz.
El español relanza así una temporada en la que todavía le quedan las ATP Finals y la Copa Davis como objetivo, pero, sobre todo, deja atrás las dudas que acompañaron su regreso. París le devuelve la certeza de que puede volver a ganar a cualquiera y de que el futuro será brillante.