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Kai Lenny, el 'maestro del mar' que domina todas las disciplinas acuáticas: "Lejos del océano me volvería loco"

Kai Lenny, el 'maestro del mar' que domina todas las disciplinas acuáticas: "Lejos del océano me volvería loco"

Nadie se extraña de que a un niño al que llamaron Kai, mar u océano en hawaiano, y que nació a escasos metros de él, termine convirtiéndolo en su santuario. «Es el lugar donde me siento más cómodo, seguro y comprendido», cuenta Kai Lenny a EL MUNDO. De primeras, sólo Kai Lenny, porque cuesta otorgar una ocupación a quien domina prácticamente todos los deportes acuáticos. De ahí que le apoden Neptuno, maestro del mar, hombre anfibio o, simplemente, hombre agua. «Me siento afortunado de que me llamen en positivo porque es alentador cuando haces algo que la gente aprecia», dice.

A los cuatro años probó el surf y a los seis, su padre, Martin, le introdujo ya en el windsurf y desde entonces ha ido probando y dominando absolutamente todas las disciplinas que veía en su Paia (Hawaii) natal. «Me metí en todo porque quería estar en el agua tanto como pudiera», explica. A los nueve años ya recibió su primer sponsor y a los 13, Red Bull le eligió como uno de sus atletas. Gracias a su pericia, Lenny ha sido la persona más joven en entrar en el Salón de la Fama del Surf, pero ha destacado en paddle-surf, donde ha ganado ocho títulos mundiales. «Lo veo como un arte de montar olas y lo más divertido que puedo imaginar es hacerlo de diferentes maneras», añade.

Parece difícil imaginar a Kai Lenny haciendo algo que no le resulte divertido. El deportista luce una sonrisa perenne y un contundente bronceado bajo una sudadera gris que tiene pinta de ser su habitual ropa de trabajo sumado al traje... de neopreno y el reloj TAG Heuer, la marca que presenta ahora sus nuevos modelos Aquaracer. «Es una de las pocas piezas que puede sobrevivir a una ola monstruosa. Todo lo demás suele romperse o desgarrarse», apunta un hombre cuya pasión por el agua se ha trasladado a condiciones muy particulares.

«En Nazaré todo es caos»

«La que más me gusta es la que puedo hacer menos veces, y quizá esa sea el surf de olas grandes», cuenta a este periódico un deportista que ha nacido con Jaws, uno de los lugares más peligrosos del mundo, como su patio particular de recreo. Allí, apadrinado por Laird Hamilton -otro apasionado de varias disciplinas acuáticas y uno de sus mentores- le nació ese gusanillo que ha intentado quitarse varias veces en Nazaré, la meca de este tipo de surf.

«Lo que lo hace tan aterrador es la imprevisibilidad de las olas. En Nazaré todo es caos», describe un Kai Lenny que ha vivido los dos lados de la moneda en las aguas portuguesas: desde realizar un salto con giro completo en una ola de más de una decena de metros, hasta ser engullido por una serie de estos monstruos y terminar al borde del ahogamiento.

«No creo que exista una mala experiencia mientras sobrevivas y puedas convertirla en una lección. Así que creo que la gente ve montar olas gigantes como algo muy aterrador y terrorífico, lo cual es cierto. Una vez que eliminas el miedo a lo desconocido, se vuelve más divertido que aterrador, porque entiendes lo que está ocurriendo», apunta sobre esta sensación, el miedo, que «nunca se supera por completo porque las consecuencias son muy serias».

Hay un factor o dos, sin embargo, que han cambiado un poco la perspectiva de Kai Lenny en el agua. Se llaman Willa y Senna. Desde que fue padre, hay un sentido de la responsabilidad que hace que la preocupación porque algo salga mal se incremente exponencialmente. «No tengo miedo por mí mismo en absoluto, pero sí por mis hijas. Y se trata de aprender a superar aquello que no puedes controlar», cuenta el deportista que, incluso, se plantearía enseñar a Willa y Senna a surfear Nazaré si se lo pidieran. «Estoy muy preparado como padre para enseñarles la mejor manera posible de surfear una ola grande o de sobrevivir», apostilla sobre las dos opciones que te brinda Nazaré. Nazaré, Jaws... da igual el lugar, la playa o la rompiente. Con miedos o sin ellos.

Sólo hay una cosa que quizás aterre más a Lenny, y es vivir lejos del mar. Algo que no ha hecho en toda su vida. «Me volvería loco durante un tiempo, hasta que descubriera algo que pudiera ocupar mi interés. Pero gran parte de mis intereses y de cómo quiero pasar mi tiempo están en el océano», concluye.


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