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Mario Hezonja, contradicciones, caprichos y lo que pudo ser y no fue en el Real Madrid

Mario Hezonja, contradicciones, caprichos y lo que pudo ser y no fue en el Real Madrid

Mario Hezonja, el de los golpes en el pecho, el del madridismo de tuit, hace unos días que ya no es jugador del Real Madrid. A falta de pagar la cláusula de su contrato que incluía una salida hacia la NBA -no lo hizo en su momento y debe llegar a un acuerdo o resolverlo en los tribunales-, será jugador de los Cavaliers, 2,8 millones para la próxima temporada según avanzó Shams Charania. A esa NBA de la que regresó echando pestes, perjurando que nunca volvería ("No recibí el respeto que merecía. Además, en mi opinión, la NBA es más un espectáculo que el juego en sí", se quejó en 2022). El mismo Hezonja que hace dos años rompió un preacuerdo con el Barça para renovar, multimillonariamente, por cinco años con el Real Madrid.

El mismo que, antes de la última Final Four de Atenas, cuando no era un secreto ni mucho menos lo que podría ocurrir y ha acabado ocurriendo (incluso en el club se lo temían y estaban preparados para ello), anunció: "¿Si estoy feliz en el Madrid? De uno a 10, 11. Ya llevo cuatro temporadas y ojalá sean muchísimas más".

Son tantas sus contradicciones, sus idas y venidas, como periodistas bloqueados en X. Con los mismos con los que fuerza bromas y empatía a la mínima ocasión. "No es un mal tipo", cuentan los que le han rodeado estos años en una plantilla en la que, sin embargo, deja alivio. No enemigos, era un compañero cariñoso y con algunos detalles anónimos que compensaban sus excesos verbales y algunos malos gestos, sus vaivenes y su egocentrismo. Curiosamente, también será un alivio, en lo deportivo, para Pedro Martínez y su sistema de baloncesto frenético: el talento del croata no va, precisamente, a las mil revoluciones que exige el técnico catalán. Y adaptarle, como tendrá que hacer con Tavares, no sería tarea sencilla. Más allá del carácter de ambos y de la 'bienvenida' que le brindó cuando se anunció el adiós de Scariolo.

Volvamos a la primavera de 2024. "El señor Florentino me amenaza con que tengo que quedarme aquí. Estoy hablando con Juan Carlos (Sánchez), con Alberto (Herreros). Tenemos todos el mismo pensamiento. Ojalá", dijo, antes de otra Final Four, la de Berlín. Como ahora, su marcha era una posibilidad. Tan real como lo fue el preacuerdo con el Barça. En cómo le convenció el Madrid para renovar se esconde uno de los episodios más rocambolescos de todo este culebrón que han sido las cuatro temporadas de Hezonja de blanco. Ese día de junio, en el restaurante Filandón, el jugador comía con parte de la directiva del club. Que le intentaban hacer comprender los problemas fiscales que escondía la oferta azulgrana para proponerle algo mejor. En plena sobremesa, la policía irrumpió en el local. Se había producido un tiroteo en la cercana carretera del Pardo (en el que fue asesinado el hermano de Begoña Villacís) y buscaban a los fugados, por lo que nadie pudo moverse en un buen rato del local. Tiempo en el que ambas partes terminaron de resolver la prolongación de un contrato que, finalmente, no se va a cumplir.

Hezonja ganó una Euroliga (2023) sin ser el centro de atención total y dos ACB (2024 y 2025) en las que tampoco. En la última, en la Fonteta, todavía en los festejos, apuntó todos los focos que no logró en la cancha hacia sí mismo: "El título no justifica la mierda que hemos hecho durante todo el año. Para mí esto no es suficiente. Todos tenemos que sentarnos y hablar sobre el futuro porque esto no se puede repetir". Prácticamente, una patada en el culo a Chus Mateo que, días después, iba a ser despedido.

Sí fue Hezonja protagonista total, sin embargo, de la última temporada ACB. MVP por unanimidad. De una Liga que el Madrid no ganó: se descalabró en cuartos contra el Tenerife. Lo que le costó el puesto a un Scariolo que se había plegado tácticamente a su estrella. También a sus caprichos. Genio individual, en duda queda para siempre su impacto en lo colectivo. Porque nadie olvida sus exhibiciones durante el curso. A veces excesos que no iban a ningún lado. Por ejemplo, contra el UCAM Murcia, 40 puntos, 11 rebotes, seis asistencias, 53 de valoración... En dos prórrogas de un partido que el Madrid, amarrado el primer puesto de la temporada regular, no necesitaba dejarse la vida: fue justo en mitad de la serie de cuartos de final de la Euroliga contra el Hapoel de Tel Aviv. Abusos individuales, minutadas, como los que ocurren cada vez que acude con su selección a las Ventanas FIBA.

El atribulado Hezonja no pasará a la historia del Madrid como no pasó a la del Barça (canterano) ni a la del Panathinaikos del que se declaró fan total. Su salida ahora tiene su origen definitivo en el pasado invierno y en su fundamental cambio de agente. En manos del todopoderoso Mizko Raznatovic, todo apuntaba al movimiento. Y así fue.


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