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Un divino Raphinha anota otro hat-trick y mantiene el ritmo del Barça ante un valiente Sevilla

Un divino Raphinha anota otro hat-trick y mantiene el ritmo del Barça ante un valiente Sevilla

¿Para qué crear un cisma por Julián Álvarez? ¿Por qué llorar a Lewandowski o a Ferran? Raphinha ha provocado que esas preguntas floten y encuentren una respuesta: 12 goles en siete partidos, dos hat-tricks consecutivos y una conexión umbilical con Lamine Yamal que convierte a este Barça en letal. Hansi Flick creyó en el brasileño, lo vistió de 9, sin el apellido de falso, y la respuesta ha sido un rendimiento casi divino. Con 12 goles en siete jornadas, iguala a Quini en la 79/80 y solo Cristiano marcó uno más, 13, en la 14/15.

Raphinha apareció justo en el momento en que lo necesitaba su equipo. En esta versión arrolladora no está acostumbrado a llevarse sustos. En este arranque de temporada sólo ha tenido el marcador en contra en siete minutos ante el Rayo, a quien después le cayó una tormenta de goles. El Sevilla quiso seguir su estela, al menos de inicio, con una presión muy alta que complicó a la defensa azulgrana el inicio de la jugada, aunque Lamine, en la primera que tuvo, estrelló su disparo con su rosca en la base del poste. Con orden y valentía, el equipo de García Plaza quería decir la suya... y lo hizo. Un saque de banda mal gestionado en el lateral del área se convirtió en un robo que Correia llevó hasta la línea de fondo para poner un centro perfecto que cabeceó Fofana. En 19 minutos, la apuesta de su banquillo tuvo premio. Sin embargo, le duró poco.

No es que el Barça se desatascara, es que apareció el hombre más vital de los azulgrana. Christensen intuyó el desmarque de Raphinha, que con un control orientado sentó a Sangante y fusiló a Vlachodimos de un derechazo.

El empate no evitó que fuera el Sevilla quien veía cómo le salían los planes. Como el Barça necesita sobetear el balón para aplastar a su rival y se lo impedían, se volvió impreciso hasta desesperarse. Fue Lamine el primero que perdió los nervios, reclamando primero al árbitro y después reclamando a la grada que jaleaba sus errores. Anda en campaña por el Balón de Oro la joven estrella de España, que a veces busca sobreexcitado el brillo.

Mientras Rodri y Pedri intentaban sacudirse a Agoumé y Fofana, Juan Iglesias se escapó hasta la frontal y puso un balón al punto de penalti donde lo cazó Correia con un remate que rozó el palo. Livakovic, en la portería por la lesión de Joan Garcia, se quedó atenazado. La esperanza del Barça pasaba por que los kilómetros y esfuerzos repetidos mermaran el ímpetu de los sevillistas y así poder poner la pausa con la que armar los blaugranas su fútbol.

Flick se fue al vestuario muy preocupado porque tuvo que aparecer Rodrigo para rescatar a su defensa en una contra en la que se lanzó Fofana y, con un taconazo, buscó a Correia. La intuición y el cruce evitaron que el Sevilla se fuera con ventaja a la segunda parte. Por eso volvieron al campo enrabietados y lo demostró Lamine con dos ocasiones que rozaron los palos. Había que meterle una marcha más al partido para agotar al Sevilla y encontrar huecos donde no llegaran sus piernas. Ni siquiera tuvieron que esperar demasiado, sólo lo justo para que Lamine robara un mal despeje de Sangante, se girara hacia Vlachodimos y sirviera un centro a la cabeza de Raphinha para que el brasileño pusiera más azúcar a su temporada: once goles en Liga para ponerse en números goleadores de delantero estrella. Nadie puede defender que el Barça necesita un sustituto de Lewandowski o Ferran Torres.

Ya estaba el líder suelto y su goleador se atrevió a probar con un gol olímpico que tan sólo evitó la yema de los dedos de Vlachodimos y el poste. Antes probó Rodrigo desde la frontal. No estaban pudiendo ser tan arrolladores como en otros partidos, por mérito de un intenso Sevilla que se vio superado en cuanto se desinfló. Una debilidad humana que aprovecharon los divinos Lamine y Raphinha. El candidato al Balón de Oro filtró la pelota para que el máximo goleador de Europa la picara ante el meta griego sevillista y se llevara su triplete. No se llevó más goles el rival porque Vlachodimos sacó dos manos vitales: ante una falta envenenada de Dani Olmo y la última para frustrar una diablura de Adeyemi.


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