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'DTF St. Louis': banal el adulterio, banal el asesinato, banal la ciudad... Adulta y exigente la serie

'DTF St. Louis': banal el adulterio, banal el asesinato, banal la ciudad... Adulta y exigente la serie

Está cuajando la narrativa de que Apple TV es la nueva HBO. Pero mucho cuidado con dar por muerta a la casa de Los Soprano, Sexo en Nueva York o The Leftovers. Vale que en las últimas temporadas de premios Apple ha dado buenos puñetazos sobre la mesa: The Studio, Severance o, esta misma semana, Widow's Bay en los Emmy. Y vale que HBO está ahora muy a tope con las propiedades intelectuales de eficacia probada: Juego de tronos, Harry Potter... Pero también tiene ficciones como DTF St. Louis, una miniserie que cualquiera que sepa de marcas televisivas contemporáneas asociaría a HBO sin saber que viene de ahí. De la gala de los Emmys de 2026 salió también con unos cuantos premios en su categoría: mejor miniserie, mejor guion, mejor dirección, mejor edición, mejor fotografía, mejor actor de reparto y mejor actriz de reparto. Tres de esos premios fueron para Steve Conrad, creador, guionista y director. Los dos de interpretación terminaron en manos de David Harbour y Linda Cardelini. Se quedó sin Emmy Jason Bateman, el tercer vértice del trío protagonista de la serie. Pero como si lo hubiera ganado. DTF St. Louis son los tres. Más el talento de Steve Conrad, que ha hecho para HBO una serie... muy HBO.

El detonante de la trama de DTF St. Louis es la muerte de Floyd (Harbour), un intérprete de lengua de signos al que la vida no le sonríe demasiado. Su mujer Carol (Cardelini) es consciente de cómo su marido descarrila lenta pero inexorablemente. Su existencia tampoco es que sea demasiado satisfactoria. Mejor le va, o eso parece, a Clark (Bateman) el hombre del tiempo de la televisión local. Floyd y Clark se hacen amigos. Clark y Carol se hacen amantes. Floyd aparece muerto. Clark es el principal sospechoso de su asesinato. Pero una app de citas llamada DTF St. Louis (Down To Fuck, traducido con mucha retranca como «Donde Todos Follan») lo complica todo. Más la crisis de la mediana edad, en general.

DTF St. Louis es la historia de tres adultos que deciden desnudarse unos con otros. Dos lo hacen física y sexualmente, dos lo hacen emocionalmente, y los dos restantes son un libro abierto: una pareja de recorrido largo y, en los últimos tiempos, plano. Demasiado. «Darle un poco de chispa a la cosa» es lo que les promete una app sexy. O todo lo sexy que puede ser una aplicación para infidelidades matrimoniales en una ciudad mediana del Sur de Estados Unidos. Pero uno hace lo que puede con lo que tiene. Y lo que tienen Floyd, Clark y Carol son tres crisis existenciales de mucho cuidado. Y maneras muy distintas de afrontarlas. O de no hacerlo. Floyd convierte sus intentos de ser la mejor persona posible en casi una parodia, Carol esconde su rabia tras una máscara de normalidad y Clark finge ser un ganador aunque sabe que el casino en el que juega (una televisión local) es de segunda categoría. Es difícil no identificarse con los tres.

El asesinato del bonachón Floyd es un crimen banal en una ciudad banal. Y probablemente lo haya cometido una persona banal. La genialidad de DTF St. Louis radica en profundizar en esa banalidad y retratar resortes y mecanismos humanos rara vez mostrados en una serie. Lo hace una producción de HBO (Max), claro. En tiempos de series fáciles y aptas para todos los públicos, DTF St. Louis se atreve con una historia dolorosamente adulta y exigente. Sus Emmys son merecidísimos. Y de paso nos recuerdan que HBO sigue siendo HBO. Y que los 50 años de hoy son los 50 años de siempre. LJC: Los Jodidos Cincuenta.

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