Nació en Reino Unido, creció en Australia y adquirió su condición de estrella nada más empezar su carrera con una película que revolucionaría el mundo. Todo él desde los cimientos. Su trabajo en Mulholland Drive, de David Lynch, la señaló en 2001 como la estrella del nuevo siglo. De entonces a ahora, ha estado nominada dos veces a los Oscar, una de ellas de la mano de Lo imposible, de Juan Antonio Bayona, se ha mantenido firme frente a las ofertas que también son amenazas del universo Marvel y se ha labrado una reputación de actriz profunda, misteriosa y llena de dobleces siempre más pendiente de lo que esconde que de lo que revela, de lo se intuye desde la mirada antes siquiera de pronunciar una palabra. En San Sebastián recibe el Premio Donostia a toda la carrera y lo hace a la vez que presenta La esposa perfecta, de Ben Shirinian. En la película da vida a Hermine Braunsteiner, la primera ciudadana estadounidense en ser deportada por ocultar a las autoridades un detalle de su pasado: fue nazi, fue y siguió siendo toda la vida un monstruo.
- ¿Se puede empatizar con un monstruo? O, de otro modo más clásico, ¿humanizar a un monstruo significa que le entendemos y perdonamos?
- El verdadero horror no reside en lo que nos diferencia de un monstruo, de un nazi, sino en nuestras similitudes con él. Y esa es la labor de un actor: acercarnos a él buscando lo que nos une, pero sin perdonar nada. Lo tuve claro desde que leí el guion por primera vez. No sabía nada de la historia y nunca había dado vida a un personaje ni lejanamente parecido. Sabía a qué me estaba exponiendo y confieso que intenté librarme del papel muchas veces. Pero, al final, pensé que el miedo que sentía era algo poderoso. Obviamente, sentía curiosidad por saber cómo esa maldad se apoderó de esta mujer. Y no se trata solo de los hechos, de los atroces crímenes de guerra —que son muchos—, sino de cómo sucedió todo. ¿Qué la llevó a ese extremo? Y luego, por supuesto, las consecuencias; ahí es donde se desarrolla la historia. Y ojalá el espectador se haga las mismas preguntas ¿Qué habría hecho él en las mismas circunstancias?
- ¿Es posible perdonar?
- Creo en las segundas oportunidades. Pero también creo que hay que analizar caso por caso. En el caso de esta mujer, al 100% creo que no se puede perdonar. Jamás mostró arrepentimiento. Seguía creyendo hasta el final en que lo que hizo estaba bien.
- Hermine Braunsteiner no es un personaje de ficción, sino real. ¿Eso influye de alguna manera?
- Facilita porque la documentación está ahí. Tengo que decir que leí muchísimo sobre ella y sobre gente como ella. Y te afecta. Adentrarse en la mentalidad del nazismo te deja tocada. Es una tarea ardua y el trabajo no se queda en el set de rodaje, te lo llevas a casa por la noche y no te deja en paz nunca. Cierras la puerta de casa, giras la llave y no te puedes liberar. El personaje te persigue y viene a visitarte por la noche.
"El verdadero horror no reside en lo que nos diferencia de un monstruo, de un nazi, sino en nuestras similitudes con él"
- Decía antes que nunca se había enfrentado a algo parecido, pero es muy común encontrar en su filmografía personajes que ocultan algo. ¿Qué oculta Naomi Watts?
- No sé. Si es cierto que es algo habitual en mi carrera. Imagino que todo nace en Mulholland Drive. Fue David Lynch el que me preparó para eso. Prefiero llamarlo dualidad. Nadie es en verdad una sola persona. Tenemos muchas facetas y podemos ser muchas cosas.
- La película habla de la primera ciudadana americana deportada y llega en un momento en el que el Gobierno de Estados Unidos con el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) como brazo ejecutor...
- Hay muchas cosas en la película que nos apelan directamente. En primer lugar, y antes del asunto de la deportación, el odio que ella siente. El odio, así en general, está más presente en la sociedad que nunca antes. Vivimos un tiempo de división global. Son tiempos que dan pánico. En cuanto a la deportación, prefiero no hacer paralelismos. Ella fue deportada porque cometió crímenes de guerra atroces. No es lo mismo que las atrocidades que ahora mismo está cometiendo el ICE. Para nada.
- ¿Qué relación mantiene con su propio legado como actriz, ese que sirve para la entrega del Premio Donostia? Tradicionalmente se la etiqueta como una actriz difícil de clasificar o fuera de norma que ha renunciado a hacer blockbusters, que ha elegido cuidadosamente sus trabajos, que no es del todo ni inglesa ni australiana ni estadounidense ni europea. ¿Se reconoce en esta definición que, en verdad, no lo es?
- Sí, la verdad. Me reconozco como outsider. Siempre me he sentido así, lo asumo y lo cultivo. Tiene que ver con el lugar y en las condiciones en las que nací para nada privilegiadas. Mi madre se esforzó desde siempre en salir adelante y más desde que murió mi padre. Si echo la vista atrás, me veo de muy joven siempre mudándome de un lugar a otro y siempre en un colegio distinto cada año. Fuera donde fuera, siempre me he sentido una extranjera. Gran parte de todo lo que he hecho en mi vida ha consistido en buscar la manera de integrarme en un ambiente al que no pertenecía. Y eso ha afectado a mi trabajo y a los papeles que he elegido en mi carrera. Le invito a que mire mis películas y verá que muchas de ellas tratan de uno de estos dos temas: el duelo o la identidad. Si digo la verdad, no es algo que haya planificado ni muchas de mis decisiones al respecto han sido conscientes del todo, pero ahí están mis personajes. Lo raro es que si me preguntan mi respuesta siempre es la misma: intento que mis personajes sean siempre distintos y no tengan nada que ver unos con otros. Sin embargo, es como si estuviera atrapada en los mismos argumentos.
"Vivimos un tiempo de división global. Son tiempos que dan pánico"
- Empezó a trabajar con el siglo en el cine y 27 años después, nada parece ser como entonces. Desde el movimiento Metoo a la eclosión de la IA pasando por el auge de las plataformas, nada es igual. ¿El cine está en su mejor o en su peor momento?
- No me atrevo a una valoración tan amplia. Me basta con mirar alrededor y fijarme en una festival como éste. Veo a un grupo de personas activas y convencidas de que hay otras maneras de hacer cine. Con eso me basta. Me basta con sentir la necesidad del cine independiente, un cine que refleje voces que antes no escuchábamos, un cine que cuente historias relevantes para todos. En lo que a mí se refiere, acabo de presentar dos películas. Ésta de la que hemos hablado y Closing Night, de Cody Fern. Es decir, mi momento es bueno.
- ¿Y en lo que respecta al papel de la mujer?
- Algo ha cambiado, sin duda. Antes todo acababa en los 40 y ahora estoy en mis cincuenta y muchos, y las mujeres han fortalecido su presencia en todas las facetas de la industria. Hay una nueva narrativa alrededor de la mujer y estoy feliz de ser parte de esa revolución.